Puedo hacer un espacio en el armario, en la cama, en prácticamente cualquier sitio… hasta podría hacer un espacio en donde sea que se almacenen los sentimientos, “el amor”, ese en el que ya nadie cree, en el que nadie confía. Puedo hacer un espacio en los cajones de la mesita de noche, en las cajas llenas de libretas, en el librero, en los anaqueles de la cocina… puedo hacer un espacio… quiero hacer un espacio en el armario, en la cama, en cualquier sitio; quiero hacer un espacio… en donde sea que se alamacenen los sentimientos, “el amor”, ese en el que nadie cree, ese que ahora se vende en dosis de dos onzas o se regala con mesura acompañado de un contrato de cien cuartillas y cláusula de confidencialidad… el espacio está hecho, en cualquier sitio, en el armario, en la cama y también donde se almacenan los sentimientos, “el amor” –ese al que nadie le apuesta–, la energía o lo que sea que provoque compartir un mismo espacio.
Foto: jamelah